Jó

  • Las úlceras de Job[6]

  • |Jó 2:1| Sucedió otro día que los ángeles de Dios vinieron para presentarse ante el Señor y vino también Satán entre ellos.

  • |Jó 2:2| El Señor le preguntó: —¿De dónde vienes? Y le respondió Satán: —De dar vueltas por la tierra, recorriéndola entera.

  • |Jó 2:3| El Señor entonces le dijo: —¿Te has fijado en mi siervo Job? Nadie hay como él en la tierra; es íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal. Todavía se mantiene firme en su integridad a pesar de que me has incitado a destruirlo sin motivo.

  • |Jó 2:4| 7 Pero Satán contestó: —Piel por piel. Todo lo que tiene el hombre lo daría por su vida.

  • |Jó 2:5| Pero bastará con extender su mano y tocar su carne o sus huesos para que te maldiga en tu cara.

  • |Jó 2:6| Y le dijo el Señor a Satán: —Mira, te lo dejo en tus manos. Eso sí, has de respetar su vida.

  • |Jó 2:7| Satán salió de la presencia del Señor e hirió a Job con una úlcera maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla.

  • |Jó 2:8| Job se rascaba con un trozo de teja, sentado entre cenizas.

  • |Jó 2:9| Su propia mujer le decía: —¿Todavía te mantienes firme en tu integridad? Maldice a Dios y muérete.

  • |Jó 2:10| Job le respondía: —Hablas como la más necia de las mujeres. Si aceptamos de Dios los bienes, ¿cómo no vamos a aceptar también los males? Y en todo esto tampoco pecó Job con sus labios.


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