• La victoria, don del Señor[53]

  • |Deuteronômio 9:1| »¡Escucha, Israel! Hoy estás a punto de pasar el Jordán para conquistar pueblos más grandes y más poderosos que tú; ciudades grandes y fortificadas hasta el cielo;

  • |Deuteronômio 9:2| un pueblo numeroso y de elevada estatura, los anaquitas, que tú ya conoces y de los que has oído decir: «¿Quién puede resistir a los hijos de Anac?»

  • |Deuteronômio 9:3| Has de saber hoy que el Señor, tu Dios, es quien pasa delante de ti como fuego devorador. Él los destruirá y los abatirá ante ti, y tú los apresarás y acabarás con ellos en seguida, como te ha dicho el Señor.

  • |Deuteronômio 9:4| »Cuando el Señor, tu Dios, los expulse ante ti, no pienses en tu corazón: «por mi justicia me ha traído el Señor para poseer esta tierra». Al contrario, es por la perversidad de esas gentes por lo que el Señor los expulsa ante ti.

  • |Deuteronômio 9:5| No es, pues, por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón por lo que vas a poseer su tierra, sino que es por la perversidad de esas gentes por lo que el Señor, tu Dios, las expulsa ante ti, y para mantener la palabra que juró el Señor a tus padres, a Abrahán, a Isaac y a Jacob.

  • |Deuteronômio 9:6| 54 Has de saber, por tanto, que no es por tu justicia por lo que el Señor, tu Dios, te da en posesión esta excelente tierra, pues tú eres un pueblo de dura cerviz.
  • Infidelidades de Israel. Oración de Moisés

  • |Deuteronômio 9:7| »Recuerda; no olvides que irritaste al Señor, tu Dios, en el desierto. Desde el día en que saliste del país de Egipto hasta vuestra llegada a este lugar, habéis sido rebeldes al Señor.

  • |Deuteronômio 9:8| Incluso en el Horeb irritasteis al Señor, y se encolerizó contra vosotros, y a punto estuvo de destruiros.

  • |Deuteronômio 9:9| »Yo había subido a la montaña a recibir las tablas de piedra, las tablas de la alianza que había sellado con vosotros el Señor. Permanecí en la montaña cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua.

  • |Deuteronômio 9:10| 55 Entonces me dio el Señor las dos tablas de piedra, escritas por el dedo de Dios, sobre las que estaban todas las palabras que os había dicho el Señor en la montaña, desde el fuego, el día de la asamblea.


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