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|Eclesiastés 1:1| Estos son los dichos del Predicador, hijo de David, que reinó en Jerusalén. ¡Vana ilusión, vana ilusión! ¡Todo es vana ilusión!
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|Eclesiastés 1:2|
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|Eclesiastés 1:3| ¿Qué provecho saca el hombre de tanto trabajar en este mundo?
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|Eclesiastés 1:4| Unos nacen, otros mueren, pero la tierra jamás cambia.
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|Eclesiastés 1:5| Sale el sol, se oculta el sol, y vuelve pronto a su lugar para volver a salir.
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|Eclesiastés 1:6| Sopla el viento hacia el sur y gira luego hacia el norte. ¡Gira y gira el viento! ¡Gira y vuelve a girar!
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|Eclesiastés 1:7| Los ríos van todos al mar, pero el mar nunca se llena; y vuelven los ríos a su origen para recorrer el mismo camino.
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|Eclesiastés 1:8| No hay nadie capaz de expresar cuánto aburren todas las cosas; nadie ve ni oye lo bastante para quedar satisfecho.
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|Eclesiastés 1:9| Nada habrá que antes no haya habido; nada se hará que antes no se haya hecho. ¡Nada hay nuevo debajo del sol!
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|Eclesiastés 1:10| Nunca faltará quien diga: “¡Esto sí que es nuevo!” Pero aun eso ya ha existido siglos antes de nosotros.
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