Santiago

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  • |Santiago 1:21| Por tanto, renunciando a todo vicio y al mal que nos cerca por doquier, acoged dócilmente la palabra que, plantada en vosotros, es capaz de salvaros.

  • |Santiago 1:22| Pero se trata de que pongáis en práctica esa palabra y no simplemente que la oigáis, engañándoos a vosotros mismos.

  • |Santiago 1:23| Quien oye la palabra, pero no la pone en práctica, se parece a quien contempla su propio rostro en el espejo:

  • |Santiago 1:24| se mira y, en cuanto se va, se olvida sin más del aspecto que tenía.

  • |Santiago 1:25| Dichoso, en cambio, quien se entrega de lleno a la meditación de la ley perfecta —la ley de la libertad— y no se contenta con oirla, para luego olvidarla, sino que la pone en práctica.

  • |Santiago 1:26| Si alguno se hace ilusiones de ser religioso de verdad, pero no controla su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad no vale para nada.

  • |Santiago 1:27| Esta es la religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre: asistir a los débiles y desvalidos en sus dificultades y mantenerse incontaminado del mundo.


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